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Los valores morales en la educación integral

Mtra. Flor Hernández Carballido

Profesora de la Escuela Nacional Preparatoria, UNAM

La Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, a través de la División de Educación Continua ofreció recientemente el Curso: «Una escuela para todos: Actualización e Integración Escolar.»

Supuse interesante lo que el curso podría plantear para mejorar mi práctica docente debido a que existe un promedio de alumnos, cada vez mayor, que regularmente no aprueban algunas asignaturas y que a lo largo del curso muestran signos de apatía, desinterés, dificultades para comprender muchos temas y los docentes no sabemos cómo integrarlos al quehacer educativo, pareciera que la escuela no es para todos. Esos alumnos son los reprobados en potencia o los aprobados por lástima.

Pues bien, el curso no me daría respuestas a esta problemática, pero, me abrió un panorama de reflexión al que no se tiene acceso fácilmente en la labor educativa: a los valores morales, al sentido de la vida que debemos encontrar al educar, y esa reflexión es la que deseo compartir con ustedes en este escrito.

Presento brevemente un panorama de lo que el curso me proporciono teóricamente respecto a la Educación Integral, el verdadero significado de una Escuela para Todos.

Un acercamiento a la Educación Integral

La Educación integral defiende el compromiso de educar a todos:

... reconociendo la necesidad y urgencia de impartir enseñanza a todos los niños, jóvenes y adultos con necesidades educativas especiales dentro del sistema educativo común de educación... para que (se) puedan incluir a todos los niños y niñas, con independencia de sus diferencias o dificultades individuales... De tal manera fomentar y facilitar la participación de padres, comunidades y organizaciones de personas con discapacidad en la planificación y el proceso de adopción de decisiones para atender a los alumnos y alumnas con necesidades educativas especiales... (Declaración de Salamanca, 1994)

La integración escolar se opone a los factores de discriminación, rechazo, marginación o etiquetación en la labor educativa. La discriminación no sólo se refiere al rechazo de personas de otro color, religión, sexo, raza, incluye también a las personas con discapacidad.

Una educación integral propone contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad, impulsa una cultura incluyente de la diversidad.

El trabajo a realizar para hacer realidad una educación integral requiere de cambiar paradigmas respecto a lo que significa educar, ser humano, educador, evaluación del alumno, dinámica del aula, proyecto educativo del centro escolar, entre otros aspectos.

El cambio de paradigmas exige:

Del paradigma tradicional al integrador

Por favor --> por derecho

Programas masivos --> individualizados

Currículo paralelo --> currículo único

Política social aislada --> política social integral

Segregación por barreras --> comunidades

Competencia --> colaboración.

De la educación tradicional a la incluyente

Educación para algunos --> Educación para todos

Perspectiva rígida --> flexible

Enseñanza grupal --> individualizada

Énfasis en la enseñanza --> en el aprendizaje

Etiquetas por diferencias --> aceptación de diferencias en aprendizaje

Oportunidades limitadas por exclusión --> Igualdad de oportunidades por integrar

Metas de la integración escolar

Iniciarse en el conocimiento de la educación integral conduce a defender y a argumentar el siguiente principio: Todos los niños tienen derecho a aprender juntos.

Una de las razones más poderosas para considerar verdadera esta afirmación, y el derecho de las personas con discapacidad de instruirse en la misma escuela que los alumnos «normales», se sostiene en que los niños con discapacidad no pueden ni deben ser excluidas de su comunidad. Con o sin discapacidad, los niños requieren ser respetados en sus derechos, educarse es uno de ellos. Aprender juntos es otro derecho que reivindica la inclusión, la igualdad entre los seres humanos y el respeto a las diferencias.

Acceder a una escuela común permite a las personas con discapacidad aprender a vivir en el mundo de todos, necesitan una educación que los ayude a desarrollar las relaciones sociales y los prepare para vivir en el seno de sus sociedades. No se puede continuar con la práctica de esconder a los niños o negar la discapacidad que tienen. Asistir a una escuela común es el inicio para superar esta tendencia.

De igual modo, la estancia de un niño discapacitado en las escuelas comunes permitirá disminuir o erradicar el temor que su presencia puede producir para los otros, debido a la ignorancia o a prejuicios que el mundo adulto ha creado respecto a ellos y que los otros niños asumen como verdad. Defender el derecho de las personas con discapacidad a aprender con los estudiantes que gozan de salud es avalar el respeto, la comprensión y el compañerismo entre las personas, evitando la segregación, el temor y la ignorancia hacia los otros que son diferentes, física y/o intelectualmente, a la mayoría.

La educación integral se propone defender la calidad en la educación donde dos valores son requeridos: la dignidad del alumno y su autoestima. Entendiendo que la persona debe ser reconocida como es y no por lo que nos gustaría que fuese, así como permitirle confiar en sus posibilidades de aprendizaje y habilidades, gracias a que los demás confiamos en ellos.

Los niños con necesidades educativas especiales plantean retos que el profesor debe enfrentar en su actividad educativa aunque no sea un educador especializado en los problemas de salud de su(s) alumno(s).

Por ejemplo, el docente al evaluar al estudiante debe conocer los datos personales, familiares y de salud del niño o niña, identificando fortalezas y debilidades, capacidades y necesidades del alumno.

Otros aspectos a considerar, por parte del profesor en el aprendizaje de sus alumnos con necesidades educativas especiales, se concentran en analizar el ambiente y situaciones de la clase, los tiempos y movimientos, adaptar los contenidos de clase con materiales didácticos adecuados, su estilo de enseñanza y sistema de evaluación a las necesidades de estos alumnos.

Los Valores morales en la educación integral

Regularmente existen dos posturas extremas para no asumir la teoría y práctica de la educación integral.

  1. «Soy muy sensible.» «Me parte el alma ver a esa personitas.»

  2. «No es mi función, no soy profesor especializado en estrategias para personas enfermas.» «Ya bastante tenemos con los flojos normales para acrecentar nuestros problemas en el aula aceptando a niños discapacitados.»

Alguna de estas posturas, con menor o mayor énfasis, hemos escuchado o expresado cuando se habla de la educación integral o se nos propone trabajar con alumnos con necesidades educativas especiales.

Ser sensible a las discapacidades que tiene un estudiante no debe ser un impedimento para enfrentar el reto de educarlo, sería análoga esta postura a la de los médicos que no atienden a sus pacientes porque se reconocen susceptibles al dolor que la enfermedad produce.

Por otra parte, si verdaderamente somos profesores no podemos elegir educar sólo a los alumnos que presentan la mejor disposición al estudio. Una actitud así sería tan absurda como la de aceptar ser padre o madre siempre y cuando nuestro hijo corresponda al ideal que nos hacemos de él.

Cualquiera de estas consideraciones para negar la posibilidad de educar a niños discapacitados dentro de la comunidad, con los «normales», responde a los valores morales que poseemos como docentes y personas, al sentido y finalidad que asumimos tiene la práctica educativa.

Los invito a acercarse al complejo panorama de los valores que la mayoría de nosotros tenemos.

Para ciertas personas el valor de la salud es el valor máximo, tener salud permitirá desear y alcanzar cualquier otro valor.

Para otras, el mayor valor es el saber, el desarrollo de la capacidad intelectual que permite hacer del ser humano una persona culta.

Otros asumen que el valor máximo es el poder (económico, político) el éxito o reconocimiento social.

Los valores morales se confinan al plano familiar, otras veces se confunde lo moral con el trato social, las buenas costumbres, las creencias religiosas. Pocas veces se asume que los valores morales pueden ser mucho más importantes que los valores anteriormente mencionados y que la moralidad se ponen en práctica en el ejercicio profesional, en la actividad docente.

Me propongo explicar los valores morales que están presentes al aceptar o rechazar a una persona discapacitada desde la perspectiva ética de la responsabilidad. Precisando que posee responsabilidad quien tiene poder para actuar, se tiene responsabilidad por lo que se hace, quien no puede hacer nada, no tiene que responsabilizarse de nada.

Ser responsables es una actitud que pone en evidencia la calidad moral que poseemos.

Una persona es responsable cuando la acción es acometida y realizada de modo consciente, con intención de promover o aniquilar un valor...La responsabilidad de cada uno está en proporción al poder que tiene...De nuestras acciones somos responsables en cuanto repercuten en el bienestar, en el interés o en el futuro de los otros. En cuanto los otros están bajo el influjo del poder de mi acción, estoy obligado con ellos. (Escámez, 2001)

Por ende, habría que cuestionarse: qué responsabilidad se asume, cuáles son las cualidades morales que tenemos, si nos negamos a educar a personas que no poseen el valor de la salud y/o el de la inteligencia, porque no cuentan con la capacidad física e intelectual que nosotros.

Como adultos podemos mantenernos en la misma apreciación que tenemos sobre las demás personas, considerando que ya estamos formados moralmente y que no vamos a cambiar. Ninguna teoría, mandato jurídico o acción loable que otros realicen alterará nuestra forma de pensar. Se puede llegar a asumir que quien tiene una discapacidad intelectual, ceguera, sordera o problemas motores, es inferior a nosotros. Pretender ayudarla a obtener conocimientos es perdida de tiempo, tal vez sólo es una acción con buenas intenciones pero no así con buenos resultados.

Esta postura, aunque matizada, es la actitud que está presente al negarnos a educar a personas con necesidades educativas especiales.

Mi propuesta es cuestionar diversos aspectos:

  1. ¿No podemos cambiar nuestra apreciación respecto a las personas discapacitadas? Poseer salud física y mental ¿es requisito imprescindible para establecer relaciones entre iguales?

  2. Quienes poseemos salud física y mental ¿no seremos capaces de vislumbrar que existan otros valores a defender en la vida, por lo que ésta vale la pena, y estos valores son dignos de cultivarse para quienes no poseen salud, y de respeto por parte de los demás?

  3. Como educadores que somos, ¿cuál es nuestra responsabilidad al establecer una relación de enseñanza aprendizaje? ¿Es más importante cumplir con la programación, de acuerdo al currículo, que educar a una persona discapacitada?

  4. ¿Has intentado ponerte en el lugar de otros, en el lugar de la familia o de la persona que está discapacitada? ¿Qué esperarías de las personas capacitadas si tu estuvieras en el lugar de una persona con necesidades educativas especiales?

A manera de respuesta.

1.- Considero viable que las personas, utilizando su sensibilidad y razonamiento, puedan superar su postura de lástima o de rechazo ante las personas discapacitadas a través de una información precisa respecto de los planteamientos de la educación integral. El conocimiento es una fuente de poder que permitiría modificar nuestra postura ante las personas con discapacidad.

Para propiciar el cambio de actitud hacia una persona con discapacidad no debe utilizarse el chantaje moral, presionar al otro argumentando que nada garantiza que siempre posea la salud. El respeto y dignidad que merece una persona con necesidades educativas especiales es una verdadera razón para considerar posible modificar la apreciación que tenemos sobre ella.

Por otra parte, uno de los valores básicos para establecer relaciones entre iguales, pareciera contradictorio, es aceptar las diferencias.

En estas diferencias también existen distinciones. Tenemos las diferencias por naturaleza: la raza, la salud, el temperamento, la edad, la complexión física, el sexo o preferencia sexual, etc.

Otras diferencias son aquellas que se van estableciendo socialmente: la fama, el poder, la posición económica, los grados en el estudio.

Es de seres civilizados, con aprecio al ser humano, a su historicidad y desarrollo cultural así como moral, entender que ninguna de estas diferencias otorga a nadie el derecho a humillar o la obligación de aceptarse inferior a los que no tienen las mismas condiciones de naturaleza, de prestigio social, político, económico o intelectual que el del otro.

Como lo afirma Alain Touraine:

Somos todos iguales en la medida que buscamos construir nuestra individuación, nuestras acciones nos hacen diferentes... Somos iguales porque somos diferentes...No somos iguales por ser hijos de Dios...No es conveniente definir la igualdad a partir de creencias comunes ya que advertiremos, más tarde o temprano, la existencia de minorías y las valoraciones de inferior y superior... como tampoco somos iguales en base al uso de la razón, somos desiguales en la capacidad de razonar...(Es necesario) Reconocer al otro o que éste me reconozca, no significa descubrir un Sujeto Universal ni aceptar sus diferencias, significa reconocer que aquello que hacemos, en situaciones y sobre materiales diferentes, es el mismo tipo de esfuerzo (lo que nos hace iguales) para conjugar instrumentalidad (lo que hacemos y nos hace diferentes) e identidad (lo que somos) (Touraine, 1998)

2.- La forma de jerarquizar nuestros valores depende en gran parte de las condiciones de vida de las que partimos y en las que nos movemos.

Si bien, para la mayoría de los seres humanos, la salud ocupa el lugar básico del cual ascendemos para proponer otros valores, podemos y debemos entender que no todos partimos de esta premisa y debido a que las condiciones iniciales de vida son distintas a las de la mayoría, el valor fundamental tiene que ser otro, por ejemplo: la dignidad.

Kant empleó el término «dignidad» para designar la condición de agentes racionales, capaces de dirigir su vida por medio de principios morales. Esa capacidad es compartida, al menos potencialmente, por todos los seres humanos. Tal potencial, y no lo que cada persona haya hecho de él, es lo que merece respeto aún en aquellas personas que, debido a algunas circunstancias, son incapaces de gobernarse a sí mismas, como es el caso de los bebes o de personas con ciertas minusvalías o los enfermos en estado de coma. (Escámez 2001)

El valor de la dignidad, de dirigir la vida por medio de principios morales, es lo que merece respeto, ese potencial que tenemos todos los seres humanos y que las personas con discapacidad también poseen y requieren que les sea respetado, exige ser considerado el valor básico del cual partir para luchar y merecer otros valores.

La dignidad conlleva a

el reconocimiento a toda persona de la condición de fin en sí mismo, implica la exigencia de respetar su conciencia, su intimidad y su diferencia respecto a los demás, así como el rechazo a toda forma de violencia sobre ella. (Escámez, 2001)

3.- Una de las preocupaciones con

stantes del docente es cumplir con lo que marca el programa. Los inspectores tienen una función importante para corroborar esta situación. De ahí que para la mayoría de los docentes es más fácil asumir que debe cumplirse el programa de estudios, independientemente de las características de los alumnos, de las exigencias sociales, económicas, culturales que se modifican mucho antes que la teoría. No hacerlo supondría que no se es buen docente.

Pareciera que al profesor sólo le compete llevar a la práctica las propuestas curriculares oficiales, lo más apegado a sus indicaciones: cómo y cuándo enseñar, qué medios se pueden utilizar para apoyar la enseñanza y el aprendizaje, cuándo y cómo evaluar.

Tales supuestos se han ido modificado, afortunadamente, en tanto que las tendencias actuales en la investigación educativa proponen

romper con la dependencia irrestricta hacia los planes y programas de estudio, entendidos como una forma de prescripción de lo que debe ser el trabajo docente, por lo que el concepto de currículo puede ser más conveniente al significar la importancia de la labor del maestro como parte primordial para el desarrollo de la experiencia curricular y considerar los planes y programas de estudio como una propuesta de trabajo...El currículo se considera, en la actualidad, como un factor que permite organizar racionalmente la actividad escolar, los contenidos de la enseñanza y el trabajo del maestro...Es visto como un proceso que se construye en la práctica, como una hipótesis de trabajo que se somete a prueba permanentemente, de acuerdo con los resultados de la experiencia escolar misma. (García, I., Escalante, I., Escandón, M., Fernández, L., Mustri, A., Puga, I. 2000)

La existencia de planes y programas de estudio no debe ser un obstáculo para educar a los alumnos, o para rechazar a otros que, si se aceptaran, «estropearían» su realización. Los docentes debemos saber la importancia que tenemos en la modificación del currículum, la responsabilidad que se nos otorga de orientar nuestra actividad según los programas, pero éstos no deben encarcelar nuestra creatividad y responsabilidad docente.

Concuerdo con Fernando Savater al afirmar que el ideal básico, el valor principal, de la educación es su universalidad, posibilitar el saber para todos, lo que significa no excluir a nadie. Durante siglos la enseñanza ha servido para discriminar unos grupos humanos frente a otros, por ejemplo: a los hombres frente a las mujeres, a los pudientes frente a los menesterosos, a los citadinos frente a los campesinos, a los «civilizados» frente a los «salvajes», a los «listos» frente a los «tontos». El valor actual de la educación está en ser un derecho para todos. Y como responsables de esta labor, los docentes debemos tener claro este valor de universalidad.

Universalizar la educación consiste en acabar con tales manejos discriminadores; aunque las etapas más avanzadas de la enseñanza puedan ser selectivas y favorezcan la especialización, el aprendizaje básico no debe regatearse a nadie ni ha de dar por supuesto de antemano que se ha «nacido» para mucho, para poco o para nada. ..Cada cual es lo que demuestra ser con su empeño y habilidad, no lo que su cuna –esa cuna biológica, racial, cultural, nacional, de clase social, etc.- le predestina a ser según la jerarquía de oportunidades establecidas por otros... El esfuerzo educativo es siempre rebelión contra el destino, sublevación contra el fatum: la educación es la antifatalidad, no el acomodo programado a ella. (Savater, 1997)

4.- Es una buena campaña publicitaria la que realiza la Secretaria de Gobernación, en la televisión, para pedir el respeto a las personas con discapacidad, donde el slogan del comercial afirma: «su discapacidad no los limita, no lo hagas tú.»

Aún es un camino largo el que se deberá andar para evitar que se limiten las potencialidades de una persona discapacitada. Es un avance la existencia de este tipo de publicidad y se darán pasos más firmes cuando el respeto y la ayuda que requieren las personas discapacitadas vayan de la mano de una virtud moral: aprender a ponerse en el lugar de otro.

Ponerse en el lugar de otro, como lo afirma Fernando Savater, en Ética para Amador, es el comienzo de toda comunicación, se trata de tomar en cuenta sus derechos, de entender lo que hace y lo que siente, comprenderle desde dentro, tomarlo en serio. Tiene que ver con la habilidad y el esfuerzo que debemos hacer cada uno por entender lo que nuestros semejantes pueden esperar de nosotros.

Se trata de desarrollar la cualidad de empatía:

...la actitud de ponerse en el lugar del otro, de entrar en su estado de ánimo y de situarse en su perspectiva, desarrollando un grado intenso de comprensión. Tal comprensión sirve de premisa para prestar apoyo y ayuda en las dificultades...A desarrollar nuestra empatía nos puede ayudar: Imaginarse a sí mismo en la situación del otro, recordar situaciones personales análogas, escuchar activa y atentamente.(Escámez, 2001)

Y si somos moralmente responsables de nuestras acciones, como adultos y docentes que habremos de educar a una persona discapacitada debemos asumir en qué consiste esta responsabilidad.

Nuestra responsabilidad consiste en permitirle acceder al mundo de la cultura, del conocimiento, contribuir a conformar una visión del mundo y de su persona donde la vida tenga un sentido, la dignidad y autoestima que él o ella adquieran a través del conocimiento valga el esfuerzo de estar en una institución educativa.

Ser responsable consiste en aprender a ponerse en el lugar de los otros, lo que permitirá vislumbrar sus virtudes y debilidades, sus miedos y esperanzas para que, regresando a nuestra tarea de educador, le proporcionemos las mejores técnicas y materiales didácticos que le permitan acceder a la información y al saber.

Ser educador, profesor, docente, es una tarea satisfactoria en tanto que consideremos sustento del quehacer educativo los valores morales de la dignidad y el respeto por los demás, en las diferencias, permitiéndole al alumno formarse una concepción del mundo, un sentido de la vida, a través del saber y la sensibilidad que surge de la buena convivencia.

Bibliografía

De la Peña, Alicia. Apuntes para el Curso «Una escuela para todos: Actualización e Integración Escolar.» México. UNAM. Facultad de Filosofía y Letras. 2001.

Escamez, Juan y Gil, Ramón. La educación en la responsabilidad. Barcelona. Paidos. 2001.

García, I., Escalante, I., Escandón, M., Fernández, L., Mustri, A., Puga, I. ¿Qué entendemos por Currículo? en Materiales de trabajo del Seminario de actualización para profesores de educación especial y regular. México. SEP, 2000.

Touraine, Alaine. Igualdad y diversidad. Las nuevas tareas de la democracia. Buenos Aires. FCE. 1998.

Savater, Fernando. Ética para Amador. Barcelona, Ariel, 1991.

Savater, Fernando, El valor de educar. México, Instituto de Estudios Educativos de América. 1997.


Articulo publicado en la Revista Xictli de la Unidad UPN 094 D.F. Centro, México. Se permite su uso citando la fuente. Dirección www.unidad094.upn.mx